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Rodolfo Bulacio "Fantasía marica del pueblo"

Por Jorge Figueroa / Martes 3 de Octubre del 2023 – Marzo 2024

Por favor Rodo: no tirés margaritas a los chanchos!

Hace unos años me solicitaron un texto para una exposición sobre Rodolfo Bulacio y no acepté pensando que no tenía nada distinto que escribir y que no constituiría aporte alguno.

Esa exposición en el Museo Timoteo Navarro con la curaduría independiente de Jorge Gutiérrez no exhibía nada diferente en general (me refiero a las pinturas, objetos, videos, xilografías y recortes periodísticos) de lo que ya se conocía. Fue en marzo de 2018. En 2007, había realizado yo una curaduría sobre su vigencia en el MUNT, al cumplirse 10 años de su asesinato. En mayo de 2017 se hizo otra exposición pero en Termas de Río Hondo. 

Desde el año pasado el Palais de Glace presenta “Rodolfo Bulacio. Fantasía marica del pueblo”, primero en el Centro Cultural Borges (Buenos Aires) y en el MUNT luego, con la curaduría de Geli González y Guadalupe Creche, cuyo objetivo declarado es dar cuenta del carácter político y contestatario de su obra. Tampoco exhibe algo que no se conozca.

Todos sabemos que la curaduría decide (para contarlo sencillamente) qué mostrar y cómo hacerlo (a menos que se trabaje en alguna institución o con un coleccionista en  especial, es decir, sea encargada).Por eso, importan las curadurías más allá de lo que exhiban, sean obras conocidas, repetidas o no. 

Una sala con su nombre fue inaugurada en 2005 en el Museo Timoteo Navarro; actualmente existe una fundación que dirige su madre (“Las margaritas de Rodofo Bulacio”). 

Pero todo indica que cuando se pretende institucionalizar al artista, su obra parece querer escapar porque, y esto es relevante, sigue produciendo sentidos/s. “Huir de los museos, centros culturales, talleres y espacios de este tipo, quiero decir. Será, tal vez, como acaba de decir el recientemente designado director del Museo Nacional de Bellas Artes Andrés Duprat: “Los museos no son la vanguardia, creo que las vanguardias en temas sociales y artísticos no las dan las instituciones; el que cree eso se equivoca” (esto escribí en La GACETA, en octubre pasado 2023).  

Un libro, decenas de textos, exposiciones, una fundación, una sala, reconocimientos oficiales. Y ahora, la legitimación nacional. 

El deseo de fuga se intuye, se presume, cuando no se entiende la ironía de su trabajo con los símbolos patrios u otras instituciones como la familia, por ejemplo. Porque consta que fue rechazado por quienes hoy simulan reivindicarlo.  

“Rodo: te lo digo, no hay que tirar margaritas a los chanchos”. 

Rodolfo Bulacio marcó la década del 90 con su invasión pop, por lo que no debe sorprender que al único artista tucumano que le dedicó un retrato fue a Gerardo Medina (‘Perikita’), que evitó integrar el colectivo Tenor Grasso. Es Medina, cuyo trabajo “Des-hielo” inició, hasta donde se conoce, la performance en esta provincia. 

En una encuesta que hice entre 25 artistas activos en el verano de 2002, la inmensa mayoría eligió como los favoritos de los 90 a Rodolfo Bulacio, Gerardo Medina y Sandro Pereira (en ese orden). Y se trataba de los 90, una década en la que el arte realizado en Tucumán comienza alinkear con Buenos Aires y Rosario.

Distintas Performances

En ese período un relevamiento académico efectuado por María Brunet (medio centenar entre 1987 y 2001) dejó establecido que esta provincia era casi como tierra bendita de la performance, o poco menos. Ese indecidible derridiano.

“Fue y es uno de los artistas más citados en el arte contemporáneo tucumano. Diferentes autores han escrito sobre su obra y acciones, tiene su propio libro y demostró que podía ser un gran artista sin título y a tiempo completo; produjo una fisura en el arte en esta provincia; fue un outsider, tanto en su vida como en el arte».

“La performance rompió de manera tajante con la nueva figuración imperante en ese período artístico tucumano” (Gerardo Medina, 2002). 

Pero no todas se hicieron desde una misma mirada. 

Tenor Grasso de la que tanto se habla por estos días, se convirtió en una festiva pasarela (aparente) que paseó con raros peinados e indumentaria, con boleros y temas de Palito Ortega

Irreverencia, hedonismo, descontracturación, “propias de una generación postrágica y desencantada”, caracteriza con agudeza Eva Grinstein cuando escribe sobre el arte de los 90.Y agrega el nombre que se usó: “arte joven”.

¿Respira esa celebración que se vivía con el menemato en los 90? (sugiero estudiar esa dirección de análisis).

Rodolfo Bulacio creó esa línea de trabajo que se expuso en el museo, boliches y el mismo Jockey Club de la época. Pasó de la ironía al trabajo con el kitsch y lo bizarro, en un clima de diversión que se proclamaba. Deconstruía, sin saberlo, opuestos como arte/ moda y arte/ diseño, entre otros. 

Tenor Grasso presentó tres trabajos en 1995, dos en 1996, cuatro en 1997, dos en 1998 y uno en 1999. Hay una división  de tareas entre los creadores, diseñadores y los modelos; el grupo incorporó actores. Gerardo Medina reflexiona: “creo que pesaba mucho el teatro antes que lo conceptual. Pienso que algunas fueron performances, pero otras seguro que no”. 

En todo caso, los 90 no son poca cosa en el país, ni en el arte. De uno u otro modo, se vuelve a hablar de los 90. 

¿La festiva pasarela que postula Rodolfo Bulacio comulga de una manera con lo que se llamó arte light en Buenos Aires, con el arte rosa marica o puto –como lo llamó Jorge GumierMaier-? (sugiero estudiar esa dirección de análisis) 

Los 90

Por estos días Adriana Hidalgo Editora publicó “Arte argentino de los años noventa”. Son 630 páginas compiladas y editadas por Fabián Lebenglik y Gustavo Bruzzone. Organizado desde la centralidad jerárquica de Buenos Aires, los principales ensayos giran sobre el arte light; Rodolfo Bulacio figura únicamente en un corto texto escrito sobre artistas tucumanos. Los artículos que son de ese tiempo (aunque recién ahora se publican) dan cuenta de esa realidad. El artista de las margaritas no era conocido o considerado más allá de esta ciudad o Monteros (en rigor, excepto en el citado artículo, no figuran nombres de tucumanos).

La sobreactuación es propia del melodrama, y quién podría dudar de ello en las pasarelas de Rodo Bulacio, pero era un deseo (pienso, por ejemplo en ‘El beso de la mujer araña’, de Manuel Puig).

Algo distinto puede ser la sobreactuación de la sobreactuación.

La directora del Palais de Glace Federica Baeza seguramente disfrutó, como muchos, la inauguración de “Rodolfo Bulacio. Fantasía marica del pueblo” en el MUNT, en octubre pasado. La pasarela entre las margaritas se llevó la atención recreando ese clima festivo (en otras palabras, la sobreactuación multiplicada, entre ofrendas y velas encendidas). 

Toda una fiesta que conquistó esa legitimación nacional de una autoridad que opina que el patriarcado en el arte se termina por decretos y una ley de género que permite que haya un poco más de nombres de mujeres en el patrimonio nacional. 

En 1997 presenté en el Congreso Internacional de Semiótica (Río de Janeiro) una ponencia sobre el arte gay. En ella concluía que “cuando se logre sistematizar el estudio del arte gay en Argentina, Bulacio, seguramente ocupará páginas destacadas, cuya producción está concebida como un ritual…”.

En la performance que realizó en el MUNT, Sergio Gatica, tal vez, pretendió unir el gesto conceptual con el neopop, en “Cómo explicar el arte a una margarita muerta”.

“El gesto político de Joseph Beuys (uno de los artistas más importantes del siglo XX) inauguraba el arte conceptual, casi; el de (Gabriel) Chaile, en todo caso, acentúa un neo pop que involucra al conceptualismo”, escribí cuando el tucumano paseó con su oveja negra viva Daniel explicándole las pinturas en la feria de Arteba.

https://www.lagaceta.com.ar/nota/386310/espectaculos/como-explicar-arte-mascota.html

Algo distinto puede ser la sobreactuación de la sobreactuación sobreactuada, que linda con lo patético. «Rodo: te lo digo de nuevo, no hay que tirar margaritas a los chanchos» Jorge Figueroa, diciembre 2023.

Jorge Figueroa (Tucumán, 1957)

Títulos que a veces no importan: Licenciado en Artes y Doctor en Artes (UNT). Profesiones que a veces no interesan: crítico de arte, curador, docente, investigador. Periodista. Escribí ensayos, libros; y una tesis porque pensé que tenía algo para decir. Dicté seminarios sobre deconstrucción en el arte.

Rodolfo Bulacio (1970-1997)

Nace en Monteros, Tucumán, el 1 de octubre de 1970. Sobresaliente alumno de la facultad de arte y destacado miembro de la comunidad artística. Desarrolla a lo largo de su amplia producción diversos lenguajes artísticos, pintura, grabado, objetos, performance, diseño etc. Comprometido con el medio, su trabajo tuvo una marcada predisposición a transgredir los límites. 

Recibió numerosos premios y distinciones, participó en salones nacionales y provinciales. Entre sus exposiciones individuales se destacan: “Los Amores del Capitán” (Centro Cultural Virla 1993; Tucumán), “Sobre la Culpa del Living” (El circulo 1994; Tucumán), “Mucha Karakatanga en la Koctelera” (Acción e intervención urbana que culminó en La Zona; 1995; Tucumán), “Blanka enseña lo que has conocido, homenaje a todos mis muertos” (1996). Miembro fundador del grupo “Tenor Grasso”, participa en todas sus presentaciones hasta 1996.Ganador del subsidio regional de estímulo otorgado por la fundación Antorchas en 1997.

Es asesinado en un crimen de odio el 10 de Marzo de 1997, a la edad de 26 años en su departamento en San Miguel de Tucumán.

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